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El doping y la teoría económica

Para ganar no hace falta doparse

publicado en: BENECOMUNE.NET construir, compartir, promover conocimiento - Cultura y Sociedad

El filósofo y periodista Armado Massarenti afirmaba en el dominical de “Il Sole 24ore” del 10 agosto que la única opción racional que le queda a un atleta que en la actualidad se plantee triunfar es el doping. El artículo fue posteriormente comentado por el Prof. D'agostino en Avvenire (13 de  agosto).

Massarenti llega a esta conclusión citando la teoría de juegos y la racionalidad económica. Esta tesis aparece con frecuencia en periódicos y revistas, pero suele esconder algunos equívocos de fondo. Hay que señalar, en primer lugar, que la receta que Massarenti propone (aumentar las sanciones) es correctísima. Pero hay que decir también que la teoría de juegos no ofrece ningún apoyo científico a la tesis representada por Massarenti sobre el uso del doping por parte de los atletas.

El “juego” al que se refería Massarenti en su artículo es el conocido Dilema del Prisionero. Una de las versiones del juego afirma que si yo sé con certeza, o con mucha probabilidad, que mi adversario (en este caso el atleta) se va a rendir (doparse), mi elección racional será la de hacer lo mismo (doparme).
Pero -este es el punto- esta solución del juego solo es racional si se dan una serie de condiciones muy exigentes y especiales.

Sobre todo es necesario que se den tres hipótesis muy “fuertes”:

  • La primera hipótesis consiste en dar por supuesto que a mí (atleta), que juego con el atleta que se dopa, solo me interesan los incentivos materiales (éxito, dinero…) y ninguna otra forma de remuneración de tipo ético. En realidad, sabemos (como podemos ver en las últimas olimpiadas) que hay muchos atletas que no se dopan, incluso en un ambiente donde es probable que otros competidores lo hagan, porque atribuyen un valor intrínseco a su actuación deportiva, a la “vocación” y no solo a los incentivos monetarios (las espléndidas palabras de Vezzali tras su oro así lo confirman).
  • La segunda hipótesis todavía es más fuerte. Es necesario que el juego no se repita, es decir que los jugadores solo se encuentren una vez. En efecto, si hay probabilidad de que el juego se repita, la solución “no cooperativa” del Dilema del Prisionero (doparse) deja de ser verdadera (como la teoría de juegos demostró hace más de cuarenta años). Para un atleta, el deporte siempre es un juego con repetición, donde los atletas se encuentran muchas veces y en este contexto la teoría económica no demuestra que el doping sea una respuesta “racional”. Es más, podría utilizarse la misma teoría de juegos para demostrar exactamente lo contrario.
  • La tercera hipótesis es la de considerar que la opción de hacer trampas en una competición deportiva pueda ser tratada como un juego del tipo “dilema del prisionero”. Yo tengo muchas dudas al respecto.

Por estos y otros motivos es erróneo, desde el punto de vista teórico, aplicar la teoría de juegos para sustentar la racionalidad del acto de doparse en una actividad deportiva. Recurrir a una ciencia para demostrar la racionalidad de una práctica es siempre una operación muy delicada, que exige tener en cuenta las hipótesis que subyacen en una determinada teoría. En caso contrario, no se presta un buen servicio ni a la práctica, ni a la teoría, ni a un supuesto joven con vocación deportiva que se plantee realizar un deporte. 

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