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La virtud supera a la fortuna

Comentario – Más allá de la «cultura» de las apuestas

por Luigino Bruni

publicado en Avvenire el  04/01/2012

logo_avvenire«Vicios privados, públicas virtudes» es el subtítulo de la conocida Fábula de las abejas (1714), de Bernard de Mandeville, que abrió un debate entre economía y ética en el que participaron las mejores mentes europeas del siglo XVIII. La idea de que de los vicios de los ciudadanos puede salir algo bueno para la colectividad sigue estando muy presente en la cultura contemporánea y en muchas ocasiones inspira la acción de los gobiernos (impuesto sobre los juegos y loterías). Ayer el cardenal Bagnasco llamaba la atención sobre la «llaga» de los juegos de azar e invitaba con fuerza a emprender una acción urgente «a todos los niveles».

Existe una relación evidente, para quien la quiera ver, entre las apuestas deportivas, el negocio de las tragaperras, determinada especulación financiera, los horóscopos y videntes, los juegos de azar online y los “inocuos” rascas.

El primer factor que tienen en común todos estos fenómenos, distantes sólo en apariencia, se llama adicción. Donde hay adicción, surge un problema ético enorme, puesto que si se deja la gestión de estos ámbitos únicamente en manos del mercado, el resultado es la explotación de los más débiles y frágiles por el lucro, con gravísimas consecuencias individuales, familiares y sociales. La adrenalina que experimenta el jugador de tragaperras al oír el tintineo de la cascada de monedas es muy parecida a la de quien trasnocha especulando con los tipos de cambio de las monedas o con el precio del trigo. Lo segundo que tienen en común es que mueven una enorme cantidad de dinero: en Italia este sector mueve más de 75.000 millones de euros y crece exponencialmente. El tercer denominador común es la fuerte infiltración del crimen organizado en todo este ambiguo territorio.

La proliferación de los juegos de azar es un auténtico escándalo y desde demasiados puntos de vista una llaga mucho más extensa y grave de lo que habitualmente se piensa, con raíces profundas y serias. Estamos asistiendo pasivamente al crecimiento imponente de una auténtica “cultura” de las apuestas y la fortuna. Pensemos por ejemplo en las apuestas deportivas, profundamente relacionadas con una visión mercantil que está transformando el fútbol de un “bien relacional” (un encuentro no comercial) en un bien de mercado altamente especulativo. Gracias sobre todo a la dictadura sin oposición de las televisiones comerciales, que hoy dominan el fútbol profesional determinando quién vive y quién muere, la dimensión de la gratuidad ha desaparecido del juego (y en cambio debería constituir su esencia). Los partidos de fútbol invaden los restantes programas todos los días de la semana, vaciando los estadios para llenar los hogares de individuos cada vez más solitarios delante de televisores cada vez más grandes.

Además, en un deporte reducido a simple mercancía terminamos por considerar éticamente menos reprobables unos comportamientos que de por sí son muy graves, ya que son las propias sociedades de apuestas las que patrocinan a los equipos y esto es lo que ven los aficionados. Además, estas empresas especulativas han ido ocupando poco a poco el lugar que antes ocupaban en las camisetas algunos productos de la economía real italiana. El mercado es un invento maravilloso, mientras no pase de ser un principio más junto a otros en la vida en común y en sus espacios, pero se convierte en una gran enfermedad civil cuando es el único criterio que domina todas las relaciones sociales.

¿Qué podemos hacer? En primer lugar es necesario actuar  “a todos los niveles”.Primero a nivel político: ¿por qué no hacer extensiva a los juegos de azar (poker tv, apuestas online…) la prohibición de hacer publicidad que ya existe para el tabaco? Las adicciones son parecidas y los efectos de estas nuevas dependencias son tal vez más graves. ¿Por qué no pensar, además, en una forma de “objeción de conciencia” para los campeones que quieran rechazar su aparición en este tipo de publicidad? Por otra parte está la dimensión educativa, familiar y escolar, pero como siempre el nivel cívico es el más crucial. Por ejemplo, los ciudadanos podrían premiar con una marca de calidad ética a los locales y bares que eliminen las tragaperras renunciando a unos ingresos seguros. Esa misma marca atraería hacia los mismos locales más consumidores cívicamente responsables.

Se trata de la recurrente idea de «premiar a los honrados», en paralelo al no menos esencial castigo de los deshonestos. Es un gran reto. Occidente comenzó su extraordinaria historia cuando afirmó que la «virtud supera a la fortuna», que la vida buena (eudaimonia) no depende del destino sino de nuestras decisiones orientadas a la virtud, que son la única respuesta auténtica ante las incertidumbres de la vida. La invasión de la cultura de la fortuna es una fuerte expresión de la profunda crisis de la cultura occidental y un fuerte retorno a la irracionalidad y a la creencia en el destino. Las virtudes públicas, hoy como ayer, sólo nacen de las virtudes privadas,  más aún en tiempos de crisis.

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