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Veinte años de Edc : una historia de amor entre el cielo y la tierra

Logo_Brasile_2011_rid2Alberto Ferrucci ofrece una panorámica de estos 20 primeros años de EdC. He aquí el texto íntegro de su intervención

Veinte años de Edc : una historia de amor entre el cielo y la tierra

por Alberto Ferrucci

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La historia

Estoy feliz de estar aquí, junto a muchas personas que vivieron por la EdC desde los primeros tiempos y que podrían desarrollar mejor que yo el tema que se me ha encomendado: “Veinte años de EdC: una historia de amor entre el cielo y la tierra”; pero también junto a muchos otros que han llegado después y están asumiendo la responsabilidad de llevar adelante la EdC por lo menos durante los 20 próximos años, como sugiere nuestro logo.

Un testimonio de que en la EdC hay un fuerte lazo de amor entre el cielo y la tierra es precisamente el hecho de volver aquí, donde todo nació, para llevar adelante un proyecto anunciado por Chiara, que ahora nos sigue desde el cielo con Foco, Ginetta, Lia, Vittorio, Spartaco, François, Daniel, Roberto y los muchos que lo han alcanzado después de haber dedicado su vida.

Cuando presentamos la EdC contamos que cuando Chiara llegó a San Pablo, desde el avión vio una multitud de rascacielos al lado de las favelas. Si es allí donde nació su inspiración, me gustaría descubrir con vosotros sus raíces en la historia de Chiara y de la Obra.

Chiara es de Trento, la ciudad de la cooperación social. De padre socialista y madre católica, tenía un hermano comunista. Desde niña absorbió la solidaridad y la atención hacia los últimos. Cuando descubrió el inmenso Amor de Dios hacia Ella y hacia todos, le resultó natural acoger la invitación del Evangelio a responder a la llamada de Dios haciendo Su Voluntad con el prójimo con quien Jesús se identificaba.

El deseo de vivir el Mandamiento Nuevo del amor recíproco, para lo cual es necesario ser por lo menos dos, le llevó a pasar rápidamente de las reflexiones espirituales a la acción, arrastrando consigo sus compañeras, porque las bombas les recordaban que aquellos momentos podían ser los últimos de su vida. Con ellas buscó a los pobres por las calles y en sus casas, para compartir las cosas materiales y sobre todo la presencia de Jesús entre ellas, de manera que pudieran sentir la cercanía de Dios y non sentirse solos. La acción de la providencia confirmaba su modo de proceder.

Ser otro Jesús, gracias a la vida de la Palabra, le llevó en poco tiempo a atraer a quinientas personas, que se hicieron un solo corazón y una sola alma, como los primeros cristianos. Una condición en la que se experimenta la alegría de compartir con el prójimo lo que éste necesita. Así nace el deseo de poner en común todo lo que la necesidad del otro convierte en sobrante, dando origen a la providencia: un dar y recibir donde incluso en aquellos momentos difíciles todos estaban en la plenitud, eran iguales y hermanos entre ellos.

Cuando los compañeros de su hermano comunista le preguntaron cuál era el secreto de su evidente éxito social, ella respondió que la solución estaba en el abrir los corazones y que para hacerlo era necesario poseer la llave del amor gratuito, el de Jesús Crucificado y Abandonado. Con El era posible llegar hasta los últimos confines de la tierra.

En 1949 Chiara propuso a Igino Giordani, quien le había propuesto hacer un voto de obediencia, que en lugar de eso pidieran a Jesús Eucaristía que, sobre la nada de ellos, les uniera en un pacto de amor recíproco. Después de aquel pacto, Dios le concedió algunas iluminaciones especiales sobre el futuro de su Obra, el conocido como Paraíso del 49.

En aquellas iluminaciones estaban muy presentes las instancias sociales. En su Fábula Florecida en el Sendero Foco, después de describir con la metáfora de los vasitos florecidos que la Unidad se obtiene sobre la muerte del propio yo, ella concluye con una profecía, como en el Cielo, así en la tierra, el sueño de Igino Giordani, Foco: la santidad para los laicos, abrir caminos para quienes actúa en la sociedad, experiencias que hasta aquel entonces estaban reservadas para unos pocos místicos.

En 1954, en el dolor por la represión de la revolución en Hungría, Chiara sintió que había llegado el momento de lanzar la vocación de los Voluntarios de Dios, laicos que se harían santos viviendo la misma vida de todos, en el trabajo y en las actividades sociales, y que cambiarían la sociedad con su testimonio de vida.

En 1961, en Suiza, admirando desde lo alto la ciudadela benedictina de Einsiedeln, Chiara sintió que también su movimiento tendría que tener lugares en los que se diera testimonio del carisma todos los días; verdaderas ciudadelas, con iglesia, escuelas,  casas para las familias y fábricas con chimeneas. Ciudadelas que tuvieran a María como Reina, todas llenas de Espíritu Santo; una visión que se ilustra en el mosaico de la capilla del centro de la Obra, donde reposan Chiara y Foco.

En los anos de la contestación juvenil y de las luchas sociales, después de entregar la bandera de su carisma a la segunda generación, Chiara sintió que el testimonio de cada uno en la sociedad no era suficiente. Era necesario un testimonio como cuerpo y en 1983 lanzó el Movimiento Humanidad Nueva.

Al año siguiente, en un congreso sobre “Economía y Trabajo según una visión cristiana” ella afirmó, en una intervención memorable, en contra de la lógica del mundo, que para resolver los problemas de la economía y del trabajo era necesario vivir las palabras del Evangelio: “Buscad primero el reino de Dios y su justicia y todas estas cosas se os darán por añadidura (Mt. 6,33)”. Ponía de relieve el “dad y se os dará” del Evangelio, la validez de la “cultura del dar” incluso en el ámbito social.

A partir de aquel congreso nació el “Bureau Internacional de Economía y Trabajo”, punto de encuentro de estudiosos, estudiantes de economía y operadores económicos para reflexionar juntos y dialogar  con la cultura contemporánea en la búsqueda de una economía más humana.

El Bureau, dijo Chiara, tendría que encontrar los recursos para las obras sociales del movimiento. A tal fin se creó la asociación “Acción por un Mundo Unido”, para presentar a las entidades que los financiaban los proyectos sociales que se estaban desarrollando. De esta manera se ayudó a los animadores a encontrar financiación y también a adquirir la profesionalidad y el lenguaje apropiados para dialogar con las instituciones y trasmitir de manera laica sus motivaciones y valores.

Gracias a las obras sociales del movimiento, el Bureau en 1987 obtuvo el estatus consultivo del Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas. Una voz en ese prestigioso ámbito internacional que Juan Pablo II, a quien pude comunicar la noticia en una audiencia con ocasión de la Semana Social de la Iglesia italiana, subrayó como muy importante.

Cuando en 1989, con la caída del muro de Berlín, se disolvió la lógica de los bloques, el mundo estaba eufórico. Sin fronteras para los movimientos de capital, el bienestar del consumismo se esparciría por doquier, se llegaría “al final de la historia”. Sin embargo Chiara, en una visita a Nueva York en 1990, al ver cómo el consumismo estaba destruyendo los valores enraizados en el Evangelio que la modernidad había asumido como suyos, tras siglos de revoluciones y conflictos: la libertad, la igualdad y la fraternidad, se ofreció junto con sus compañeros a pagar “plazos” a Jesús, ofreciendo  sus sufrimientos y hasta su propia vida para que cayesen también los “muros” que todavía impedían la gloria de Dios en el mundo occidental.

En 1991 Chiara vino a Brasil. Acababa de leer la Centesimus Annus, en donde el Papa, auguraba una economía social  capaz de orientar a la sociedad de mercado hacia el bien común, y entre los derechos de la persona subrayaba el de la propiedad y de la iniciativa privada. También había leído el libro “Los nuevos protagonistas. Movimientos, asociaciones y grupos en la Iglesia” , en el que se describían las realizaciones del movimiento como una tercera vía entre el comunismo y el capitalismo.

Pero Chiara llegó a Brasil sobre todo con una profunda relación con Dios, con la certeza de disponer de una oración potente. Así, ante los intolerables desequilibrios sociales representados por los rascacielos y las favelas, aún dándose cuenta de que el mundo que la conocía bien podía considerarla ingenua y burlarse de ella, confiando en la “oración potente” pidió a sus amigos brasileños que pasaran a la acción: recoger los recursos de los “pobres pero muchos” confiarlos a los “más capacitados de entre nosotros” para crear nuevas empresas al lado de las ciudadelas que produjeran trabajo y recursos para los pobres.

A estos empresarios capacitados ella les pidió que  lo dieran todo. Así abrió una nueva “vocación laica”, un camino concreto para hacerse santos. Años después me di cuenta de lo segura que estaba de ello. En una entrevista en Estrasburgo, en la que yo participé como empresario, para apoyar lo que estaba afirmando, me preguntó de repente delante del periodista: “¿verdad, Alberto, que te harás santo?”.

Tommaso Sorgi, que estaba con nosotros en el Bureau en Castel Gandolfo como responsable del Movimiento Humanidad Nueva, informado de lo que Chiara había anunciado en Brasil y recordando las palabras de Igino Giordani “no al comunismo si a la comunión”, llamó al proyecto “Economía de Comunión en la Libertad”.

Un proyecto que Chiara propuso a su pueblo, a personas que ya habían experimentado que la plenitud, el florecimiento de la humanidad, se alcanza con el amor reciproco y no teniendo o consumiendo. Con aquel anuncio, ella expresó las instancias profundas de ese pueblo, que definió su anuncio como una bomba.

Por eso la invitación a juntarse para crear nuevas empresas poniendo a la persona en el centro y considerando el capital como un apoyo, no se quedó en el papel. Aquel pueblo se puso en seguida en acción: vendieron pequeñas propiedades, ofrecieron sus ahorros, se desprendieron de objetos que eran preciosos sobre todo por su valor afectivo. Con el producto de la venta de todo ello, se compraron los terrenos para los parques empresariales tanto en Brasil como en Argentina. Otros dejaron excelentes puestos de trabajo y salieron de sus ciudades para lanzarse en una actividad productiva cerca de las ciudadelas. Otros – aun no siendo necesario para ellos – decidieron ampliar la empresa para donar más beneficios para los fines de la EdC.

Los expertos se pusieron a disposición sin dudarlo. Deseo recordar, entre otros muchos, a la persona que se encargó de la construcción del polo Spartaco, quien, aún viviendo a seiscientos quilómetros de distancia, durante años permaneció fiel a su difícil y valiosa tarea. Otros empresarios, aún desarrollando sus actividades en otro lugar, se comprometieron a iniciar otra actividad en los polos, ciertamente no por razones económicas. Recuerdo a los hermanos Muñoz, propietarios de una fábrica para la iluminación vial en Buenos Aires, con las botas sumergidas en el barro del terreno del polo Solidaridad, que aún no había sido drenado, en el medio de la pampa, mientras trataban, con una sonrisa, de poner en marcha una parte de sus actividades; aquella actividad no salió adelante, pero sus sonrisas están escritas en el cielo y valen más que muchos beneficios compartidos, como el collar que le dio Santa Catalina al pobre y que luego vio transformado por Jesús en brillantes.

No faltaron quienes se lanzaron sin ser expertos, en una empresa ardua incluso para los que sí lo eran. Había que poner en marcha una actividad pasando por la puerta estrecha de una  gestión empresarial complicada por el deseo de comunión, junto a un “desarme económico” con respecto a los proveedores, clientes y competidores, viviendo la legalidad incluso donde las leyes eran opresoras. Un compromiso para crecer juntos, así en la tierra como en el cielo.

No es posible afrontar todo esto sin estar movidos por una verdadera vocación, que es difícil de vivir en soledad. Para los empresarios no siempre es fácil comunicar sus preocupaciones. Tal vez para no comprometer el buen nombre de su empresa, sienten que siempre deben mostrar que tienen éxito y no tienen problemas. O tal vez para evitar a otros la carga que sólo ellos saben cómo llevar gracias a su innata propensión al riesgo: esto lo saben bien las esposas y maridos que están a su lado.

Pero en la nueva economía es necesario compartir, no para dar cuentas, sino para encontrar en la relación con el otro la luz para seguir adelante, como lo demuestran las situaciones difíciles que en los últimos años se han afrontado y resuelto gracias a la solidaridad entre los empresarios y entre las empresas.

Entonces, si sobre todo el proyecto de construir polos al lado de las ciudadelas siguió adelante, se debe en gran medida a los primero compañeros de Chiara que, sufriendo la "sangre del alma", como dijo Ginetta, se ofrecieron como puerto seguro de unidad, para recordar a los que estaban en primera línea que la Economía de Comunión es un proyecto que une el cielo y la tierra.

¿Cómo olvidar la inauguración del segundo pabellón del polo Spartaco, después de que la compañía que se contrató para construirlo se hubiera declarado en quiebra?  Ginetta se levantó de la silla de ruedas en la que había venido y dijo con fuerza que aquel pabellón, que había sido construido por amor, seguiría existiendo en los cielos nuevos y en la tierra nueva.

Sus palabras llevaron a François, que vino desde Francia, a compartir su tecnología y a abrir allí una de sus empresas. Para hacerla productiva tuvo que realizar treinta vuelos a través del Atlántico y gastar muchas de sus energías.

Como François, que ahora está en el cielo, muchos otros se han hecho santos de acuerdo con el deseo de Chiara. Además de François quiero recordar a Roberto Tassano, que dio nombre al consorcio que, con sus 1.300 empleados, sigue dando testimonio y ayudando a los marginados.

Muchos  hicieron verdaderos heroísmos para no traicionar el compromiso adquirido con la  EdC. Como aquel empresario argentino que cerró su empresa y vendió su auto para pagar todas las deudas, después de haber renunciado al único contrato de suministros que hubiera podido firmar sin soborno, porque se dio cuenta de que su firma habría hecho cerrar a otra empresa que actuaba correctamente como la suya.

Entre los heroísmos de la EdC no deben pasarse por alto los de muchos estudiantes gen, que arriesgaron el éxito de sus estudios con la tesis de graduación, momento culmen de su experiencia humana, por abordar un tema de difícil comprensión en el mundo académico, que a menudo considera como  ciencia únicamente  la de orientación neo-positivista.

Sin embargo, gracias al riesgo que asumieron y al compromiso y al ingenio de nuestros estudiosos, la Economía de Comunión hoy en día es considerada como una opción económica y se imparte como disciplina en varias universidades de Europa, África, América Latina y Asia, alcanzando así la dignidad teórica para los que trabajan de acuerdo con sus principios, que Chiara pidió en 1998 cuando lanzó el Movimiento Económico, con el dolor de tener que renunciar al encuentro con los once mil brasileños que por ella se habían reunido en el parque Ibirapuera.

Y en estos veinte años ¿qué es lo que ya se ha hecho, especialmente por lo que respecta al diálogo con la Iglesia y la cultura contemporánea?

En las relaciones con la Iglesia Católica, la contribución cultural del carisma de Chiara en la economía ha sido importante, como demuestra la atención de muchos obispos que han pedido escuelas de formación que a menudo terminan en los parques empresariales de las ciudadelas. El Magisterio de la Iglesia también ha demostrado la importancia que se da a la cultura de la comunión, al mencionarla en la Encíclica "Caritas in Veritate” de Benedicto XVI.

Más aún. En estos años la Economía de Comunión ha sido acogida por carismas religiosos antiguos y modernos como un camino providencial para ordenar su acción económica en medio de una sociedad secularizada. Vivir la cultura del dar ha llevado a algunos operadores de la EdC a ponerse a disposición de estas órdenes para garantizar la supervivencia de sus obras sociales en situación de riesgo, manteniendo el espíritu de los fundadores.

Se podría decir que muchos de estos desarrollos no fueron ideados directamente por Chiara. Esto es cierto, pero en el mundo de hoy - si sabemos vivir la palabra del Evangelio y amarnos unos a otros hasta dar la vida por los demás,  muriendo a nuestro yo – nosotros somos Chiara.

La lección de estos 20 años

Como conclusión de esta historia entre la tierra y el cielo ¿qué nos han enseñado estos veinte años?

Para empezar, nos han enseñado que hay que elaborar teóricamente los paradigmas de esta nueva economía, creando ámbitos de estudio como el de los bienes relacionales, la relación entre economía y felicidad, entre economía y confianza o entre economía y reciprocidad y darles contenido. Debemos ser capaces de mostrar empresas y parques empresariales que pongan en práctica estos principios y escuelas y universidades que formen en ellos.

Además, para difundir el mensaje que encierran estos testimonios hay que aprender a hablar el lenguaje del mundo moderno, utilizando todas las tecnologías disponibles, en tantos idiomas como sea posible. En estos años, un elemento de conexión entre todos ha sido la revista Economía de Comunión - Una Cultura Nueva, traducida en cinco idiomas, que nació como un signo de reciprocidad con quienes contribuían al proyecto.

En los últimos años se ha añadido la web internacional que, gracias al esfuerzo de decenas de traductores, transmite en tiempo real la vida de la EdC, incluso la de esta asamblea, a todo el mundo a través de escritos, revistas, libros, archivos de audio y de vídeo, blogs. Se ha convertido también en una fuente de noticias sobre la EdC que está a disposición de todos.

También en los últimos años hemos entendido que el diálogo con la cultura contemporánea tenía que comenzar con aquellos que trabajan en nuestra misma dirección y hemos descubierto que el lugar más adecuado para este diálogo son las ciudadelas y sus parques empresariales. También nos hemos dado cuenta de que para este diálogo con los estudiosos y con los que trabajan en la solidaridad social es necesario documentar con total transparencia el uso de los beneficios aunque para ello haga falta una notable cantidad de recursos humanos y profesionales.

Para poder estudiar económicamente el proyecto, es importante contabilizar todos los beneficios  compartidos por las empresas de la EdC. En realidad éstos son muchos más que los que llegan físicamente a la EdC. Hay que tener en cuenta también los beneficios que se gastan en  ayudar de diversas maneras a los necesitados en la empresa, para mantener puestos de trabajo momentáneamente sobrantes o para dar trabajo a personas desfavorecidas. También hay que tener en consideración los beneficios gastados - en el espíritu de comunión  - en acciones sociales en la zona, o en la realización de prácticas (pasantías) en empresas, con el objetivo de integrar a los jóvenes en el trabajo y formarles en esta nueva economía.

En cuanto a la utilización de los beneficios, nos hemos dado cuenta de que es necesario prestar atención a las inspiraciones de aquellos que los ponen a disposición, que podrían también compartir sus talentos profesionales para hacer de ellos un uso más eficaz. Debe considerarse de igual importancia la parte de los beneficios que se usa para fortalecer y hacer crecer a la empresa, ya que gracias a ella es posible seguir creando puestos de trabajo y beneficios y, sobre todo, dando testimonio de la Economía de Comunión.

Se ha comprendido también que en nuestros Polos debe darse la bienvenida incluso a actividades que, sin tener una estrecha relación con el proyecto, hacen propio el espíritu de la EdC, en particular las escuelas de formación/trabajo dedicadas a personas marginadas. Es necesario también acoger y ayudar a los empresarios que, sin tener vínculos con el Movimiento de los Focolares, reconocen la validez de la economía de comunión y la ponen en práctica en sus empresas.

Durante estos años se ha hecho evidente que la inspiración de Chiara, más que dirigirse a la ayuda a los necesitados, estaba encaminada a encontrar una manera de sacar de la condición de dependencia a estos hermanos y hermanas nuestros. Con este fin, en colaboración con Acción por un Mundo Unido, se ha puesto en marcha la financiación de pequeñas actividades productivas para darles trabajo y actividades de educación académica y profesional.

La fraternidad exige igual dignidad y por eso creemos que la forma más conveniente de ayudar es la de los préstamos concedidos en forma plenamente confidencial, por entidades profesionales: organizaciones no gubernamentales (ONG), asociaciones reconocidas, bancos. En este campo es de gran ayuda la experiencia de Filipinas que esperamos se repita en otros lugares como, por ejemplo, África, donde se están abriendo muchas perspectivas. En cambio, cuando se necesita dinero a fondo perdido, para salvar  la fraternidad es aconsejable que el indigente pueda corresponder de alguna forma con la ayuda recibida.

En los últimos años los responsables de las comisiones de la  EdC de cada zona verificaron con cada empresa si seguía estando en condiciones de mantener su adhesión a la EdC. A pesar del cambio generacional, la mayoría de ellos han confirmado su participación. No podemos olvidar, sin embargo, que en estos años ha habido dificultades en algunas empresas que sentíamos muy cercanas porque fueron de las primeras en nacer. Estas dificultades a menudo estaban asociadas con la soledad de los empresarios. Para evitar que eso se repita, recientemente de las comisiones de la EdC de varias naciones nacieron las Asociaciones Nacionales EdC, para ofrecer a las empresas  las habilidades profesionales y gerenciales necesarias para poder juntos afrontar a los problemas.

Se trata de asociaciones civiles en las que la adhesión de las empresas es voluntaria. Sería deseable que todas las empresas de la EdC pertenecieran a alguna de ellas, reconociéndola como su asociación empresarial, comprometiéndose a proporcionar las cuentas anuales de las empresas, y como Chiara sugería en su último mensaje, comprometiéndose a mantener reuniones periódicas para evitar que estas se realicen sólo cuando la situación económica se ve comprometida.

Otra opción reciente que se ofrece a las empresas es la de ponerse en red en el portal B2B, creado por nuestros empresarios de los Estados Unidos. En él, cada empresa puede ofrecer sus productos y servicios en un canal reservado a las empresas EdC del mundo. Este sitio web también cuenta con un EdC-Forum donde compartir experiencias profesionales y espirituales con los empresarios. Hasta ahora está sólo en inglés, esperemos que aparezcan muchos traductores más para ello.

El compromiso del presente

Hace veinte años, cuando Chiara concibió la empresa EdC, se consideraba una utopía,  válida, como mucho, para pequeñas empresas dirigidas por personas especiales. Veinte años después la humanidad tiene nuevos y complejos problemas que afrontar.

Las tecnologías de la información, la disponibilidad de capital a bajo coste y el trabajo y la laboriosidad de los habitantes de las dos terceras partes del planeta, han producido en los últimos años un constante y vigoroso desarrollo, que ha creado empleo para muchas personas, rescatándolas de la pobreza.

Sin embargo, este desarrollo estaba drogado por una financia sin normas, que ha producido insolvencias tan importantes que han puesto en riesgo el funcionamiento del sistema. Para evitar la parálisis, los estados occidentales más afectados han tenido que hacerse cargo y endeudarse hasta ponerse ellos mismos en  riesgo de insolvencia. Mientras tanto, los pueblos jóvenes excluidos del desarrollo, invaden las  fronteras de los países ricos, demandando de modo cada vez más apremiante una vida más digna.

Se percibe, por tanto, que sin un cambio decisivo de ruta en el futuro puede estar en riesgo el derecho a la propiedad personal, al trabajo y a un futuro pacífico para todos en el mundo. Así pues es urgente y conveniente para todos, que se tomen las medidas pertinentes, a nivel nacional e internacional, para que, superando el egoísmo del corto plazo, todos puedan contribuir, proporcionalmente a sus medios, a fortalecer el sistema y a dar un salto de calidad hacia una economía más humana.

A pesar de las medidas adoptadas por los Estados y por las autoridades monetarias internacionales, el sistema económico y financiero occidental sigue siendo frágil y requiere nuevas reglas que le hagan recuperar su valiosa función en orden al bien común, captando el ahorro y utilizándolo para apoyar la economía productiva. Además, es imprescindible su potenciación en las naciones emergentes, donde la capitalización de las empresas es una limitación para la creación de nuevos puestos de trabajo.

En este contexto, creemos que uno de los resultados de esta asamblea debe ser el ofrecimiento de nuestra contribución como operadores y estudiosos de una economía fraterna de todo el mundo, a todos aquellos que están elaborando propuestas para los líderes de las naciones y de las instituciones internacionales, ya sean de carácter  jurídico, fiscal o financiero. Podremos llevarlas a las Naciones Unidas gracias al estatus consultivo de nuestra organización Humanidad Nueva en el Consejo Económico y Social de la ONU,  así como difundirlas en nuestro medio y entre las organizaciones de la sociedad civil, especialmente las organizaciones juveniles, que prestan más atención al futuro de nuestro planeta.

Propuestas concretas para el ordenamiento financiero, orientadas hacia la comunión de bienes mundial y hacia el valor del trabajo como medio de realización personal; propuestas que ayuden a las naciones a orientarse hacia una economía fraterna, que se exprese en un estilo de consumo sobrio y crítico, respetuoso con los recursos del planeta y con las aspiraciones de los seres humanos y propenso a realizar una acción económica que no solo engendre riqueza material, sino también realización personal y florecimiento humano; con el uso responsable de la riqueza, en una visión de largo plazo típica de un "buen padre de familia."

Muchos ya se están dando cuenta de que la inspiración de Chiara es también para ellos y esperan de quienes ya la vivimos diálogo y amistad para afrontar juntos los problemas que quedan por resolver. Hace doce años un ilustre estudioso laico, después de que Chiara presentara la EdC en Estrasburgo, le confesó que su propuesta era difícil de llevar a la práctica pero era la única posible para un futuro sostenible.

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