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Entre cielo y petróleo: Entrevista a Alberto Ferrucci

por Mauro Peirone

publicada en Nuova Umanità News online el 30/11/2011

Logo_Nuova_Umanita_newsAlberto, ¿puedes presentarte a nuestros lectores?

Me llamo Alberto Ferrucci, tengo 74 años y, salvo los primeros años de mi vida, siempre he vivido en Genova, donde me casé con Maria Teresa. He tenido dos hijos – Aurelio y Antonella – y actualmente soy abuelo de cuatro preciosos nietos.

Muchas personas te conocen por tus artículos e intervenciones sobre economía, finanzas y empresa. ¿De dónde viene tu formación en estas materias?

Mi experiencia y mi pensamiento en el ámbito económico y empresarial son fruto de mi experiencia de vida.

Yo me gradué en química industrial, a pesar de las dificultades económicas.  Mi padre, que era radiotelegrafista en una nave italiana, fue hecho prisionero de guerra en Australia, y durante el conflicto gastamos todos los recursos familiares para hacer frente a nuestras necesidades.

Cuando llegó la paz, mi padre continuó navegando en barcos petroleros para que mis hermanos y yo pudiéramos terminar los estudios universitarios, hasta que lamentablemente enfermó. Yo estaba en el tercer curso de universidad y tuve que hacerme cargo de la familia. Empecé a trabajar como obrero analista en una refinería de petróleo de Genova, llevando una vida muy intensa, que me permitió graduarme con la máxima puntuación a los 23 años.

Esto marcó una etapa importante de mi vida. Después de la graduación me encomendaron la gestión operativa de la refinería por turno con otros colegas y necesité fuerza y valor para dirigir a sesenta trabajadores más mayores y expertos que yo.

Entonces, Alberto, no naciste empresario, sino obrero y químico. ¿Cómo llegaste a interesarte por la economía?

No puedo describir ese paso sin referirme antes a algunos acontecimientos que marcaron mi vida e influyeron en mi profesión. De joven frecuentaba un grupo de Acción Católica y allí, entre otras cosas, conocí a mi mujer Maria Teresa.

Cuando tenía veinte años, una noche, al decir  las oraciones, comprendí por primera vez que realmente Jesús crucificado era una persona que había dado la vida por mí y me sentí impulsado a corresponder a ese amor. Le pregunté al sacerdote, don Giorgio Celli, si debía entender esto como vocación al sacerdocio, pero él me respondió que también podría responder de modo radical al amor personal de Jesús con una vida de trabajo y en la familia.

Años después, el encuentro con el Movimiento de los Focolares me mostró con una nueva luz cómo corresponder al amor de Dios en la vida de cada día, sencillamente poniendo en práctica las palabras del Evangelio.

¿Qué tiene que ver todo eso con tu trabajo?

Tiene mucho que ver, porque fue precisamente esto lo que me impulsó un día  a realizar un gesto que marcó otro vuelco en mi vida laboral en la refinería. Me sentía interpelado, en aquel periodo, por el pasaje del Evangelio que dice “dad y se os dará”, y entonces decidí compartir con los colegas ingenieros algunos estudios técnicos relativos a un nuevo modelo de refinería publicado en una revista especializada estadounidense, que había traducido por mi cuenta. Esto era totalmente contrario a la lógica de la carrera, que sugeriría hacer lo contrario, pero atrajo la estima de uno de mis colegas, que correspondió enseñándome técnicas de cálculo muy especializadas, propias de los proyectos petrolíferos.

Todo esto me permitió, en los meses siguientes, proyectar sistemas de producción bastante eficientes para la refinería, lo que me ganó el aprecio de los superiores, que me pidieron primero que proyectara nuevas instalaciones y después me encargaron el seguimiento del proyecto de construcción de una refinería totalmente nueva que se iba a construir en Sicilia.

Este encargo requería largos desplazamientos a los Estados Unidos y esto también fue una ocasión para actuar contra corriente. Yo me había casado y mis hijos eran todavía pequeños. Tuvimos que dialogar bastante para no tener que  separarme de la familia, evitando un posible riesgo de ruptura. Puse como condición que me permitieran realizar los viajes con toda la familia, corriendo así el riesgo de que me sustituyeran. Pero no lo hicieron y pasé algunos meses entre Italia y Estados Unidos con mi familia. Después me encargaron el seguimiento de la construcción y la planificación técnico-económica de la nueva refinería, en estrecho contacto con el Consejero Delegado.

Finalmente, a los 39 años, después de haberme familiarizado también con los diversos aspectos comerciales de la empresa, fui nombrado por los superiores como consejero delegado de una sociedad que administraba la nueva refinería en Sicilia.

Diversas experiencias han trazado el perfil de tu figura profesional y humana: químico, técnico, desarrollador, gerente, feliz padre de familia, católico practicante. En resumen, todo “políticamente correcto”, en un ambiente que no parece tener nada que ver con el contexto social de la Italia de los años de plomo.

Mis opciones de vida caracterizando el desarrollo de mi carrera profesional, en un ambiente que no era nada favorable.

La empresa siciliana estaba empezando a producir, por lo que debía hacerse un hueco en el mercado petrolífero del Mediterráneo y estaba muy endeudada. Precisamente gracias a una política empresarial basada en compartir la información a todos los niveles, obtuve el compromiso de todos y en pocos años la empresa logró cancelar las deudas, aumentar la productividad y crear recursos para la comercialización  minorista en Italia. Ciertamente no faltaron tensiones, por ejemplo a nivel sindical, que pudieron superarse precisamente gracias al fuerte posicionamiento de la empresa, compartido por los responsables, los técnicos y los obreros.

En 1980 me encargaron también la gestión de la refinería de Génova, en la que había comenzado a trabajar, y que en aquel momento estaba pasando por grandes dificultades. Completando algunas secciones, mejorando la conducción de las instalaciones, modernizando las estructuras y asumiendo decisiones incluso humanamente difíciles, logré resultados positivos en pocos meses. Comentando estos resultados con todos los colaboradores, reunidos en un cine, atribuí públicamente el resultado obtenido a la Virgen de la Guardia de Génova, a la que me encomendaba todos los días antes de ir al trabajo. En estos años me di cuenta de que me encontraba en una posición de vértice en la economía internacional que me daba la responsabilidad de razonar y actuar, también en ese ámbito, siguiendo la lógica del Evangelio.

¿Puedes poner un ejemplo?

Con ocasión de la crisis mundial del petróleo de 1979 Spartaco Lucarini, director de la revista Ciudad Nueva, me hizo una entrevista. Le expliqué que los petrodólares que fluían en grandes cantidades hacia los países productores podrían emplearse para proyectos en el tercer mundo, ofreciendo oportunidades de desarrollo y de trabajo también al primer mundo, sin aumentar la inflación; pero para ello habría que proponer estos proyectos a la OPEP, organización de países productores, y demostrarles que eran económicamente más convenientes que confiar esos recursos a los bancos occidentales.

Spartaco Lucarini me preguntó de inmediato: «Y por qué no lo propones?». Esta pregunta me interrogó profundamente, tanto como para convencerme de la bondad de esa intuición.

Reunidos en Viena, los funcionarios de la OPEP que había conocido en varios congresos me creyeron y compartieron la validez de mi análisis. La imprevista muerte de Spartaco Lucarini me hizo dudar, pero dos años después decidí volver a la acción, impulsado por la respuesta del ministro de petróleo saudí, el jeque Zaky Yamani, a una de mis preguntas durante el congreso “Petróleo & Dinero” de Londres.

Así creé SPES (Servicio de Proyectos Económicos para el Desarrollo), en el que participaron los principales industriales italianos del sector. Los beneficios empresariales se destinaban íntegramente a la realización de nuevos estudios para el desarrollo, por lo que para los socios la empresa era  “una inversión en relaciones”.

Una visión muy original…

Así es: identificar las posibilidades de desarrollo de un territorio buscando, incluso con estudios históricos, u “vocación”, su tarea con respecto al mundo. Por ejemplo, en un estudio sobre Liguria, SPES identificó la vocación de Génova como  “encrucijada en el dialogo sobre el desarrollo”, que fue compartida por las instituciones civiles y políticas ligures en un gran congreso del cual nació un “Centro de Cultura para el Desarrollo de los Pueblos” – en contacto con la ONU y sostenido por las categorías económicas ligures – que instituyó varios premios e incentivos para la investigación de “tecnologías transferibles” a los países en vías de desarrollo: transferibles también en el sentido de respetuosas con la cultura local.

Después llegué incluso, en los años en los que el precio del petróleo descendió a niveles mínimos, a proponer a las naciones del mundo occidental, a los países productores de petróleo y a las sociedades multinacionales, la formación de un “Consorcio mundial para las materias primas” con el propósito de estabilizar el precio del petróleo en un nivel válido a largo plazo y compartir gradualmente las materias primas a nivel mundial.

Este proyecto, presentado también en Naciones Unidas, obtuvo el inmediato respaldo de los gobiernos de Italia, Holanda y Arabia Saudita, pero no siguió adelante porque recibí un duro golpe que me obligó a retirarme de este ambiente.

¿Puedes hablarnos de ello?

Los accionistas del grupo, por razones que nunca se aclararon totalmente pero que evidentemente estaban relacionadas con mi modo de actuar contra corriente – afectando a intereses privados, persiguiendo finalidades no compartidas por los socios y proponiendo un Consorcio Mundial de Materias Primas que, de haberse llevado a la práctica, hubiera puesto fin a la guerra de precios del petróleo, factor crucial de la política internacional – revocaron de repente mi nombramiento como administrador con acusaciones totalmente infundadas, cuando no infamantes. Después vino un juicio, en el que lo pasé muy mal, pero del que salí totalmente rehabilitado y resarcido.

¿Qué sucedió después?

Aunque tenía ofertas, ya no quise volver a operar como manager por cuenta ajena y comencé a trabajar como empresario autónomo, en la actividad que todavía hoy me ocupa. Mi sociedad elabora nuevas tecnologías y proporciona consultoría, proyectos y software a las refinerías de petróleo. En estos años hemos enderezado el camino de más de una empresa del sector.

He puesto a disposición de mis colaboradores toda mi experiencia en el sector, tanto técnica como comercial, de tal modo que la creatividad de muchos, compartida, se convierte en una fortaleza de la empresa.

Obviamente, en este ámbito tampoco he perdido de vista los valores que siempre me han animado. Por ejemplo en los últimos años, haciendo el seguimiento de las aplicaciones de nuestro software en el norte de Africa, propuse el proyecto “para una refinería más eficiente, más limpia y amiga”, inspirado en la visión de la Economía de Comunión. Este proyecto prevé que las ganancias adicionales que se pueden obtener de la producción de la refinería con una gestión más atenta e inteligente, se destinen a una producción más respetuosa del ambiente, a la mejora de las instalaciones, a obras sociales en el territorio y a incentivos económicos para los trabajadores.

De esta forma, todos los empleados en la refinería, desde el obrero hasta el administrador, se ven estimulados a dar lo mejor de sí mismos no sólo por un interés económico sino también por un incentivo moral, porque ven que con su trabajo inciden positivamente en el territorio y  en la sociedad.

En estos últimos años he lanzado esta propuesta a varias grandes compañías petrolíferas en los diversos continentes y la he expuesto en varios congresos internacionales: recientemente en el Global Technology Forum de Singapur que incluye en su sitio web una entrevista que me hicieron en inglés en 2010 (http://www.gtforum.com/gtf/interview/2104133/artc-2010-alberto-ferrucci-challenges-nocs-downstream-sector).

Una última pregunta: Dejamos a tu familia cuando tenías treinta años y viajabas entre el viejo y el nuevo mundo aprendiendo a proyectar refinerías. Ahora eres un abuelo cualquier cosa menos poco activo. ¿Qué piensa tu familia de toda esta aventura tuya?

Mi mujer, Maria Teresa, siempre ha  apoyado mis decisiones y le estoy agradecido por el apoyo que me ha dado en algunas fases cruciales de la vida. Recuerdo por ejemplo el diálogo que tuve con ella cuando trataba de ir a proponer mis ideas a la ONU o cuando para salvar el trabajo de muchas personas tuve que asumir un encargo gerencial que me puso en el punto de mira de las Brigadas Rojas. Éramos  conscientes de que todo eso influiría en nuestra vida de familia y era necesario el pleno apoyo de su parte.

Mis hijos también comparten mis valores.

Antonella estaba muy interesada en SPES, tanto que quiso especializarse en cultura africana. Luego vino a trabajar conmigo y en un momento determinado se dedicó al seguimiento de los jóvenes que se interesaban por la Economía de Comunión. Un trabajo de años, no sólo recogiendo las tesis de grado, sino también realizando una especie de tutoría, indicando publicaciones, profesores de referencia y creando una red de estudiantes en todo el mundo. Las tesis ahora son más de 300, en 13 lenguas diversas, y continúan desarrollándose: en  los últimos seis meses, hemos publicado 9 en el último noticiario de EdC y hay otras en elaboración. Antonella dirige también el sitio www.edc-online.org, traducido en 6 lenguas y desde el que se envía una newsletter cada 15 días a los inscritos.

Aurelio ha elegido estudiar química industrial como yo, y actualmente es el vicepresidente ejecutivo de la sociedad Prometheus. De hecho se ocupa de la sociedad: yo sigo estando presente con mi experiencia e inventiva en el campo, al lado de Aurelio que ha recogido mi experiencia empresarial dándole continuidad incluso en el plano de los valores que le sirven de base. A decir verdad, Aurelio es mucho mejor que yo… además de ser muy analítico y riguroso en los cálculos, tiene un carácter extremadamente generoso y conciliador; Antonella en cambio ha heredado toda mi determinación.

Numero revista: NU news 196/197
Materia: Economía



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