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Reducir la deuda privatizando bienes públicos

Comprar propiedades estatales en desuso o títulos en manos de inversores extranjeros. Esta podría ser la siguiente propuesta del gobierno para apoyar el desarrollo y volver a conquistar la confianza del mercado

por Alberto Ferrucci

publicado en: Cittanuova.it el 3/1/2012    

Palazzi_ridSegún las estadísticas de la Banca de Italia en 2010 la riqueza de las familias italianas era de 9,525 billones de euros: 4,95 en inmuebles, 0,97 en otras actividades reales y 3,524 en actividades financieras, de los que 1,233 estaba formado por muchos depósitos de menos de  50.000 euros.

Las deudas de los 24 millones de familias italianas ascendían a 887.000 millones de euros, por lo que la riqueza neta era de 8,638 billones, o sea 360.000 euros de media por familia. Eso representa 8,2 veces la renta familiar anual media. Las familias italianas tienen reservas para más de ocho años, mucho más que las familias francesas, inglesas o norteamericanas.

Las medidas del gobierno Monti nos han salvado del abismo de la insolvencia en el que han caído otros países europeos, pero el mercado sigue pidiendo el 7% por invertir en nuestros títulos. Si no se encuentra otra solución, sólo para renovar los 400.000 millones que vencen ahora, deberemos comprometernos a pagar durante los próximos años 20.000 millones de euros de intereses anuales más que en los años anteriores. Como además hay que respetar el equilibrio presupuestario, cada año deberíamos reducir el gasto público o aumentar los impuestos, despilfarrando recursos necesarios para relanzar el trabajo, la investigación, la formación y la internacionalización de nuestras empresas. 

A pesar de haber ahorrado 50.000 millones, en 2010 las familias vieron como bajaba el valor de su riqueza en más de 180.000 millones de euros y en 2011 la pérdida será aun mayor, pérdida que naturalmente se concentra en el 10% de las familias que posee de media 1,6 millones de euros cada una, el 44% de la riqueza total.

Salir de la Tampa de la falta de confianza es de vital interés para quienes buscan un trabajo, pero también para quienes ven cómo se evapora una parte relevante de lo que poseen y no por culpa de los impuestos sino del mercado y esta es una situación común para todos, para quienes tienen porque lo han heredado, para quienes han ahorrado honradamente con su trabajo y para quienes han acumulado evadiendo los impuestos o por otras vías igualmente ilegales.

Parece que Italia, para volver a emitir títulos con una rentabilidad acorde con un país de la zona euro, al no poder contar con el apoyo de otros países como por ejemplo a través de los eurobonos, no tiene más remedio que recurrir menos durante los próximos meses al mercado, convenciendo con incentivos o si es necesario obligando a sus ciudadanos más adinerados a invertir en bienes públicos en desuso que sean enajenables. Es decir, no creando un nuevo impuesto sino mediante la participación en una inversión proporcional al patrimonio de cada una de las familias más adineradas, las que poseen el 44% de la riqueza nacional. 

La propuesta consistiría en que el Estado cree cuanto antes un fondo de inversión específico, administrado por un liquidador único nombrado por el jefe del estado entre personas de probada virtud, que compraría por  su valor actual, es decir 30.000 millones de euros, inmuebles y terrenos públicos no utilizados. Los periodistas Mucchetti y Cisnetto parecen haber llegado a conclusiones parecidas. 

El liquidador debería tener por ley la garantía de obtener de las administraciones locales una calificación de uso de los inmuebles que facilite el aumento de su valor, de forma que puedan venderse cuanto antes a los particulares y así poder devolver con un beneficio las cuotas de los suscriptores. Después de cinco años, lo que siga sin venderse volvería al estado al precio inicial actualizado con la inflación, de forma que puedan reembolsarse sin pérdidas las cuotas residuales del fondo.

Todas las familias italianas podrían suscribir cuotas del fondo, pero las que tengan más de 1 millón de euros estarían obligadas a suscribir cuotas por valor del 7% de su riqueza. Si después no quieren o no desean esperar al reembolso, podrían vender sus cuotas en el libre mercado. 

Hace tiempo, un empresario sugirió a los italianos que resolvieran el problema de la deuda comprando entre todos los 900.000 de títulos en posesión de inversores extranjeros, algo que desde luego es factible. El otro camino, no hay muchas más alternativas, puede ser invitar u obligar a los italianos a invertir en un título garantizado directamente con bienes públicos en desuso de nuestro país. 

Esta solución, si se lleva a cabo con gran transparencia y a la luz del día en un plazo de tiempo determinado, podría ser verdaderamente motivo de desarrollo económico, incluso con una buena rentabilidad. Una operación distinta de otras operaciones de cartularización que se han encomendado a grandes instituciones financieras y se han convertido en fuente de despilfarro de recursos públicos para provecho de los grandes bancos y de los listos del barrio.

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